Resignificar el trabajo

Job: en inglés, trabajo / santo que la Biblia nos describe por su dignidad y por la paciencia y fe que tuvo sosteniendo las pruebas que el Bien y el Mal pusieron sobre él.

Job es ese ejemplo de “obediencia a Dios”, es decir, a uno de los dos lados del programa (el Bien). Soporta con inmenso sufrimiento las pruebas a las que le somete el “Diablo”, aceptadas por “Dios” para probar la fe de este hombre.

Paralelamente, el trabajo ha sido entendido como fuente de dignidad a través del esfuerzo, con el sudor de nuestra fuente. Aceptamos “ser responsables” a un trabajo que nos supone dolor, porque obedecemos a un solo lado del programa.

La responsabilidad natural anida solo y exclusivamente con uno mismo, con el Ser.

Creemos que somos responsables por obedecer al programa, sin embargo, esta obediencia supone sufrimiento, algo que en la propia naturaleza no existe.

Steve Jobs hizo una excelente resignificación del trabajo con su propia vida. La manzana mordida que llevó al hombre a “ganarse el pan con el sudor de su frente”, es ahora símbolo del exit-0 de manifestar al Ser a través de nuestros dones.

Ya es momento de entender que el “trabajo” como sufrimiento cumplió su tiempo y su función. Entramos en una nueva perspectiva en la que el trabajo es propósito, es la belleza de contemplar al Ser manifestándose a través de uno y ofrecer la ficha de puzzle que necesita la creación.

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