Últimamente parece haber una ola de “dogmas” vestidos de libertad espiritual, que continúan en el mismo antiguo paradigma del que venimos y, en apariencia, queremos abandonar. Para ser verdaderamente espiritual o “evolucionado”, “tengo que” llevarme “bien” con todo el mundo, tengo que tener un rostro de constante paz y alegría, tengo que hablar despacio y amorosamente, tengo que mostrar mi perfección ante los demás, no tengo que comer carne, no tengo que fumar... y un largo etcétera de requisitos para tener un comportamiento adecuado. Curiosamente, cuando adquiero esta postura artificial, entonces miro “un poquito por encima del hombro” a los que odian, a los que juzgan, a los que se llevan mal, a los que compiten... y les pido que cambien, y les insto a que sean “mejores personas”, que se vengan al lado de la luz, que no juzguen a nadie... sin ver que yo mismo los estoy juzgando a ellos aunque, por supuesto, me digo que no es así, que yo no hago esas cosas. Esto incluye, por supues...