Colaborar en el "Nuevo Paradigma"

Colaborar es un tema realmente importante que en estos tiempos se está manifestando con mucha potencia. Nos hemos pasado miles de años viviendo en la competencia, convencidos de la veracidad de "la ley del más fuerte". Sin embargo, en los últimos tiempos está viniendo una nueva "idea" que duda de la necesidad de la competencia. Tanto en los estudios de Biología más revolucionarios, como en otros campos de la ciencia, encontramos descubrimientos asombrosos al respecto. 

Es más, si, como viene anticipando la Física Cuántica, la realidad que vemos depende totalmente de nuestras proyecciones, de nuestras creencias y nuestra observación, en realidad, si queremos elegir una vida de competencia, vamos a encontrarnos con aquella realidad; pero si elegimos vivir una vida de colaboración, también nos la vamos a encontrar. Todos tienen razón.

La cuestión que continúa más allá sería entonces: ¿existe una forma natural, previa y esencial de relacionarse los seres humanos en el plano material, más allá de la competencia y de la colaboración? Es entonces cuando la investigación entra en el campo de lo interno de forma total. Si hacemos el ejercicio de situarnos a observar el mundo desde nuestro corazón, desde nuestro Ser... o como quiera llamarlo cada uno a ese lugar en el que el pensamiento no está, o está de un modo secundario, encontramos un estado de paz, de alegría natural, y ajeno totalmente al conflicto mental. Desde este estado investigamos, y observamos que el "dar" se realiza de forma totalmente desinteresada. Por eso utilizamos desde siempre la expresión "lo hice de corazón, o te lo di de corazón", pues ésta es nuestra naturaleza más íntima. La mente quiere vivir en esta naturaleza, pero si está enganchada al instinto, no solo no lo hace, sino que intenta "copiar", imitar al Ser natural. Es entonces cuando actuamos de forma distorsionada, con intereses personales, pero creemos que lo hacemos de corazón. Estos intereses personales, que forman parte de la herencia instintiva, son tan automáticos, tan rápidos, que ni siquiera los vemos, de modo que nos convencemos a nosotros mismos de estar entregando las cosas desde el corazón. 

¿Cómo entonces podemos ver a estos "intrusos" que aportan el interés personal? En primera instancia a través del conflicto. Estos intrusos se proyectan, y generan un conflicto que nos hace poder verlos. Pongo un ejemplo: hago un favor a un amigo, y creo que lo hago de forma totalmente desinteresada; sin embargo, al cabo de un tiempo, ese amigo tiene la ocasión de hacerme un favor a mí, y no lo hace. Entonces entro en conflicto y me digo: "¡jo (o jolines, o joder... según cada uno, ya saben) yo que le he dado todo, y él no me da a mí en la misma medida!" Ahí está el "intruso" proyectado. El interés personal se manifiesta. Y por favor, no entremos a calificar si está mal o bien lo que hacemos, sino a investigar simplemente lo que hacemos. Viéndolo con objetividad podremos salir de este entuerto tan común que nos provoca tanto dolor. Si en lugar de quedarme en el papel de "víctima", de "con lo bueno que soy yo, que doy todo por los demás, y los demás no me dan en la misma medida", elijo el camino de ver las causas de este conflicto, voy a salir muy bien parado. Si quiero tener la razón, por supuesto, la tendré, de modo que para aquellas personas que elijan esta vía, aquí terminan su camino; pero para aquellos que estén tan cansados de estas situaciones que eligen la nueva vía desconocida, y renuncian a tener la razón, van a encontrarse un campo libre y magnífico ante sus ojos. 

El conflicto me dice que hay un interés personal: esperaba algo, esperaba que, cuando le tocase a él hacerme un favor, lo hiciera. Ya está localizado, y observando esta sensación es la única forma en la que puedo hacer que desaparezca. Simplemente, eligiendo el camino de la observación, y rechazando el camino de la pobre abandonada. Es así de fácil. No es necesario hacer el pino boca abajo, ni quedarse ayunando un mes en la India. Es tan fácil que no podemos creerlo. Entonces sucede que las situaciones de ese tipo, de forma completamente natural, van dejando de proyectarse, puesto que ya estamos observando a los "intrusos".  Y si los intrusos son observados, no necesitan proyectarse para ser vistos. ¿Vamos bien? Pues sigamos.

¿Qué sucede entonces con la colaboración? Pues que si la realizamos desde esta mente instintiva, desde el pasado, desde esta mente con "intrusos", cuando yo colabore con alguien va a existir siempre una especie de "obligación": tú me das, y yo te doy a ti, y el día que uno de los dos no "devuelve", empieza el conflicto. Esta relación, si existe una obligación, por muy débil que sea, de por medio, tendrá conflictos, puesto que está manejada por el interés personal de dos personas. Hasta ahora hemos visto que, al ser aceptada por ambos, era muy coherente, sin embargo, lo que nos muestra el nuevo paradigma, la nueva visión, es que lo único que pasa es que es el interés personal multiplicado. Por eso, aunque pongamos toda nuestra buena intención en colaborar con un proyecto, que supuestamente será muy positivo, siguen apareciendo en él los conflictos humanos, y en muchas ocasiones los hacen fracasar estrepitosamente. Para que una empresa o proyecto consciente vaya a buen término, el factor de los conflictos humanos tiene que estar superado o, al menos, trabajarse a este nivel para que no perturbe su natural armonía. Esto es de suma importancia, pues no importa lo maravillosa que sea la idea, y los supuestos beneficios que traiga a la humanidad, que si están los "intrusos" de por medio, acabarán por proyectarse. 

Si yo estoy dispuesto a dar sin condiciones, si estoy dispuesto a dar de forma completamente desinteresada, no tengo más que tomar la posición de mi Ser natural, de mi corazón, y actuar desde allí. Aquí, la persona a la que doy, no tiene nada que devolver. Es la misma vida la que me devuelve, por cualquier vía, no necesariamente la de esa persona. Si estoy dispuesto nuevamente a renunciar al interés personal, entonces el dar será igual que el recibir, puesto que todo lo que esté dando a otra persona, me es dado a mí en otros ámbitos, a veces, desconocidos. 

No tengo que "obligarme" a ser buena persona, o a hacer lo correcto, sino que simplemente la vía del corazón es la más correcta y naturalmente bondadosa de todas, y los indicadores de que estoy en ella es que actúo libremente, sin esfuerzo y sin sentirme obligado a nada porque, simplemente, hago lo que siento que quiero hacer. 

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