Fragmentos del libro "Honestidad Bruta", de Laura Fernández Campillo

DE CÓMO ABRIR EL TIEMPO A UNA EXPERIENCIA Y PONERSE A SUFRIR “AL PEDO”, COMO DICEN LOS ARGENTINOS.
EL DESDOBLAMIENTO DE LOS TIEMPOS VISTO EN UNO MISMO


Muchos de ustedes habrán escuchado hablar de la Ley del Desdoblamiento de los Tiempos, del físico francés J.P. Garnier. Para los que no sepan nada de esta Ley, igualmente van a entender perfectamente este capítulo, porque si bien yo no soy científica y no les podría explicar en su aspecto físico con detalle en qué consiste, y para eso hay otras personas que lo pueden hacer mucho mejor que yo, lo que sí puedo hacer es enfocarles a que vean en ustedes mismos cómo funciona este asunto.

Es de suma importancia que podamos descubrir el increíble papel que tiene el tiempo en nuestra vida y en nuestro sufrimiento.

Primero de nada, imagínense, por favor, un pensamiento que tengan al que temen. Temen que suceda algo en lo que piensan, pero, fíjense a qué temen en realidad. ¿No temen en realidad al pensamiento que se produce ante ese determinado hecho? ¿No sucede que, cuanto más tiempo paso pensando en ello, más sufro? ¿No es cierto que el sufrimiento consiste en el tiempo que me paso pensando cuestiones en las que no me gustaría pensar, cuestiones que rechazo?

Esto es muy importante, de modo que si se quieren detener aquí un rato para observarlo en sí mismos, es el momento.

Insisto en la extremada importancia de que esto que acabamos de exponer no sea solo entendido, sino también VISTO, porque en el momento en el que es VISTO en el mismo instante en que se produce, entonces empieza a suceder algo sumamente transformador.

Vamos a poner un ejemplo. Supongamos que tengo miedo a quedarme sin dinero, a no poder pagar mis facturas. ¿Les suena este miedo? Seguro que sí ;). Bien, elijamos pues cualquier pensamiento que esté dentro de este ámbito, por ejemplo, el tan recurrente: “voy a ser pobre”. Cuando este pensamiento viene a mi cabeza, lo primero que sucede es que yo le doy creencia, le otorgo mi atención, mi energía (Plano 6).(*). Por tanto, estoy abriendo el potencial para que suceda la escasez. La energía que

le doy a un pensamiento puede ser en forma de miedo: “no quiero que suceda”; o bien en forma de deseo: “quiero que suceda”, en cualquiera de los dos casos estoy abriendo
potenciales, estoy entrando en un ámbito en el que voy a experimentar algo a través de la energía como principal motor. Cuando es el miedo o el deseo el que me mueve, entonces es aquella energía la que está decidiendo por dónde voy. No es una decisión libre, por tanto, sino que la energía me arrastra a experimentar una determinada experiencia.

Toda experiencia tiene una lógica (Plano 5) a la cual yo le estoy dando mi validación, mi SÍ, mi creencia. Por ejemplo, en este caso la lógica que funciona en la escasez es: “si no encuentro un buen trabajo, me puedo quedar

en la calle pidiendo y pasar hambre”. Todo el mundo a mi alrededor ha dicho Sí a esa lógica, de forma inconsciente, por tanto, yo también digo Sí, primero porque es lo que me han enseñado, y segundo porque no conozco otra cosa.  Es un comportamiento automático, reactivo. Lo que nosotros estamos haciendo aquí es cuestionarnos si verdaderamente eso es así, o si efectivamente existe otra cosa que vivir. Mientras estos comportamientos estén en lo inconsciente, nos van a dominar, pero cuando podemos mostrar a la luz lo inconsciente, empezamos a ofrecernos libertad, y para ello, lo más importante que podemos hacer es autosincerarnos, pues el “inconsciente” se constituye de aquello a lo que no queremos mirar, sencillamente, y cuando tomamos la firme decisión de observar sin temor allí, entonces, lo inconsciente empieza a hacerse consciente y a liberarse poderosamente.

En el momento en el que yo he dado validez y creencia a esa lógica, entonces estoy abriendo el potencial para que se proyecte una experiencia en mi vida que dé la razón a ese pensamiento. Se crea, por tanto, un diseño (Plano 4) para que yo pueda experimentar ese pensamiento: “voy a ser pobre”. Este diseño es una situación la cual va a terminar por proyectarse en el ámbito concreto, físico (Plano 1), en la que lo que me encuentro fuera,
es un reflejo de mi creencia interna, es decir, un diseño que me permite experimentar que, efectivamente, ser pobre puede ser una realidad.

Mi mente (Plano 3), entonces, que le dio creencia a ese pensamiento que pasaba por ella, que le dio energía y dijo Sí a su lógica, empieza a tratar de buscar soluciones para ese problema que ella misma ha generado al decir Sí a ese pensamiento. La mente en este caso, actúa movilizada por las emociones (Plano 2) que generan todo este proceso, en este caso, se moviliza a buscar una solución por el miedo que siente y no quiere sentir. De nuevo vemos que es la energía la que dirige nuestra vida. Tratamos de salir de esa rueda de sufrimiento, que es el tiempo que mi pensamiento pasa buscando soluciones, a través de buscar soluciones. Lo cual es un enredo eterno del que no salimos nunca. Durante un tiempo, encontramos “parches” que calman por un rato nuestro miedo. “¡Encontré un trabajo!”, muy bien, te felicito. Ahí has calmado por un rato tu miedo, pero vas a tener que hacer muchas cosas que no quieres para no perderlo, para no sentir ese miedo del que tanto huyes. Por tanto, no hay ninguna libertad en vivir de esta forma. El miedo seguirá movilizándote.

El sufrimiento, por tanto, es el tiempo que el pensamiento pasa tratando de encontrarle una solución a un problema. De modo que, para poder salir de esa rueda de sufrimiento,
tenemos que comprender el mecanismo que nos atrapa en mantener esa rueda de búsqueda de soluciones. Obviamente, desde dentro de esta rueda no vamos a verlo, igual que dentro del bosque sólo veremos unos cuantos árboles; sin embargo, cuando nos vamos a una colina a ver el bosque, entonces lo podemos ver completo. Por eso insistimos tanto en lo necesario de ver, no desde el análisis del pensamiento, que es precisamente el origen del sufrimiento, sino desde un lugar más amplio, con una mejor perspectiva.

En el momento en el que empezamos a ver todo el mecanismo, el propio mecanismo se va deteniendo, de forma que cuando viene un pensamiento ya puedo decirle No, ese No con el que comenzamos este libro, a darle energía y creencia y de esta forma se cierra, literalmente, el tiempo de experimentación de esa experiencia.

Cuando se empiezan a cerrar los tiempos de las diferentes experiencias que están en mi programación concreta, entonces se pueden empezar a abrir nuevos potenciales que no están en mi programación concreta (identidad, condicionamiento, herencia...etc.). Se empiezan a abrir, así, nuevas realidades para mí en las que sí tengo la capacidad de ser libre del miedo y del deseo. Pero para ello, primeramente, he de poder estar muy atento a los pensamientos que llegan, para poder darles un No que es sumamente creativo, y así cerrar un tiempo en el que voy a experimentar y sufrir “al pedo”, como dicen los argentinos, pues ya me cansé de vivir una y otra vez siempre las mismas cosas.

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