La Comparación: la llama que enciende la división



Pocos ingredientes conocemos que sean tan efectivos como la comparación a la hora de dividir relaciones, hacer fracasar empresas, amistades... etc.

Tan identificados estamos con ella, que lo hacemos de forma automática, y convencidos de que es algo “natural”. Entonces, en nuestras relaciones personales, utilizamos de forma habitual el: “yo te doy, pero tú no me das”, “yo hago, pero tú no haces”, “yo te doy todo mi amor, y tú no me correspondes en la misma medida”, o la mejor de todas “¡con lo que me sacrifico yo por ti!”... y otras tantas que utilizamos de forma inconsciente, convencidos de tener la razón. En definitiva, esperamos que los otros hagan lo que nosotros queremos. Una sutil forma de dominación que comienza en el pensamiento.

Un magnífico primer paso es detectar estos pensamientos como “intrusos”, pensamientos que nos mantienen en una situación de dolor, de víctima. Son pensamientos densos, tienen una carga pesada, oscura. Y lo más importante de todo: lo único que consigo manteniéndolos, es tener la razón. Los sigo alimentando convencido de tener la razón, entonces busco un “confidente” para contarle lo mucho que doy yo en comparación con lo que me da mi marido, o esposa, o pareja, o amigo... y ese “confidente”, por supuesto, me dará la razón, puesto que mi inconsciente sabe a quién busca, e irá a alguien que sabe que alimentará este torturado pensamiento. ¿Les suena de algo todo esto?

Como ya venimos diciendo, si uno elige tener la razón y alimentar y nutrir estos pensamientos compartiéndolos con los demás, este artículo no es para él/ella; pero si estás cansado de sufrir por estas razones, y eliges ser libre por encima de tener la razón, entonces, olvídate de tener la razón, olvídate de comentar tus desgracias con ningún confidente, y olvídate de compararte con los demás. Cada uno hacemos lo que hacemos. Que uno haga A, no implica que el otro tenga que hacer también A, es posible que el otro esté haciendo B, pero nosotros no lo vemos. Y quizás, y esto es lo mejor de todo, ese B que hace el otro, es justo lo que necesitamos.

Entrega limpiamente lo que des, de forma incondicional, sin esperas intermedias, sin intrusos. Si tienes intrusos, obsérvalos, no les des importancia, no te juzgues, simplemente obsérvalos, y terminarán por desaparecer. No es necesario obligarse a ser buena persona, sino simplemente ver cómo se deshacen los comportamientos distorsionados que nos llevan a comportarnos constantemente de forma errónea.

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