¡Ellos mandan hoy... porque tú obedeces!


Esta frase de Mario Camus es la que abre mi última novela. En realidad, abre toda una etapa de mi vida, desde el momento en el que me di cuenta de mi propia responsabilidad en los asuntos que nos afectan a todos.

Hoy en día es muy sencillo llevarse el favor del público, alentar a las masas a la protesta en las calles, poner unos carteles "en contra de" en los muros de las redes sociales, y adherirse a cualquier idea que encuentre un culpable a quien apedrear. Pero no es tan fácil escuchar la propia responsabilidad en este asunto. No es tan fácil escuchar que aquellos bancos tan malvados se alimentaron, también, de nuestra propia avaricia, de nuestro deseo de acumulación que, al igual que el banco, tenemos.

Todo el mundo busca un pensamiento al que engancharse y sobre el cual descargar su ira, una ira que genera violencia, una violencia que tiene a este mundo en una guerra constante, en casa, en el edificio, en el barrio, entre ciudades, entre países... y como no tenemos suficiente espacio, algún científico nos explica que si vinieran los aliens serían malvados y querrían conquistarnos... ¡cómo no! visto desde nuestro ojo violento, todo el mundo es malo.

La cuestión es que nuestras vidas están envueltas obligatoriamente en la tan manida paradoja del libre albedrío. Y es en esta facultad que tiene el ser humano donde se libran las "preferencias". Ahora vemos que nuestro gobierno tiene unas preferencias definidas a la hora de presupuestar el dinero que recibe anualmente:

Los primeros de la lista son los bancos, porque son quienes en teoría hacen fluir la economía. Obviamente, no lo hacen, y no lo van a hacer. Aún así, siguen siendo preferencia. También parece ser que es preferente que continúen ciertos privilegios políticos, coches oficiales... etc. Y al final de la lista, como hemos podido comprobar, se encuentran los funcionarios, los parados, y la cultura.

Hasta aquí, todo el mundo, más o menos, puede estar de acuerdo, incluso si continuamos en esta línea seremos arengados por las masas a que sigamos, si es posible, insultando a los políticos. Sin embargo, la propuesta que hace la Economía Consciente es bien distinta: ¿cuáles son tus preferencias? Nos quejamos de que el gobierno quita presupuesto a la cultura pero ¿cuánto gastas tú en cultura? Hoy en día mucha gente tiene un iphone 4 (600€), sin embargo, poca gente se gasta esta cantidad en libros o espectáculos culturales. Somos capaces de gastarnos 100€ en un vaquero de moda, pero si tenemos la posibilidad de descargarnos una canción, preferimos hacer eso que pagar los 0,99 céntimos que puede suponer su compra. Los individuos también funcionamos con un sistema de preferencias, y en este sistema es donde hemos cedido toda nuestra libertad a aquellos a los que ahora culpamos. Nos ofrecieron una sociedad de consumo porque consumimos desesperadamente, porque ansiamos tener todo lo que tiene nuestro vecino y, si es posible, más.

Pero estas cosas no le gustan a la gente. Es más fácil ponerse a protestar por la maldad ajena, que sanear el egoísmo propio. Nos quejamos de que los bancos no prestan dinero pero ¿cuántos de vosotros habéis prestado aunque sea una parte de vuestros ahorros a un amigo que quiere comenzar un negocio?

Por mi trabajo en banca he conocido a cientos de personas que tienen cientos de miles de euros ahorrados en sus cuentas. Dinero que se pudre, porque no fluye. Dinero estancado que, como el agua, si no circula, empieza a oler mal. Y mientras más nos amarramos a ese dinero podrido, más protestamos por la posibilidad de perderlo.

Si no somos generosos en nuestra vida diaria, si solo "luchamos" por nuestro puesto de trabajo, si solo miramos nuestros pequeños ombligos ¿cómo podemos exigir que lo hagan nuestros gobiernos? Si seguimos otorgándoles el poder porque, al fin y al cabo, queremos vivir como antes, con las comodidades de antes, con el consumismo de antes... no podemos esperar más resultado que el que tenemos. Queremos que "se arregle" la crisis, aunque aquello suponga seguir alimentando el hambre atroz que corroe la superficie de esta tierra. Está lejos, no lo vemos.

¿Os habéis fijado en vuestras casas que, cuanto más consumís más basura se genera? Igual pasa en el mundo. Este "primer" mundo que lleva años consumiendo desaforadamente mientras ignoraba a ese mundo de "tercera" categoría en el que convertimos a nuestra propia basura, hoy empieza a comprender que la mierda siempre viene de vuelta. No hay forma de esconder nuestras miserias, porque siempre acaban saliendo a la luz.  

Hoy en día mucha gente habla del pensamiento libre, de "desconectarse" del pensamiento social, pero después de poner una frase de Confucio elocuente al respecto, se arriman a cualquier ideología que ven pasar por el muro de su red social.

Ser realmente libres es algo que aún nos queda muy lejos. Al menos seamos serios y responsables para observar nuestra falta de libertad.

Comentarios

  1. Adhiero a tu pensamiento tan libre, Laura. La inteligencia no es blanca ni negra, sino gris, decía Voltaire. Desentrañar los matices, mirarnos al espejo, y resolver, y avanzar, que de cualquier forma todo será mejor, porque no nos meterá nadie dos veces el dedo en la boca.

    Un abrazo grande

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  2. Sí Jorge, justamente cuando uno se mira al espejo lo ve todo gris, por eso uno no puede ver más salida que la propia, todo lo que huele a grupo, ideología, partido… etc. parece (y debe de estar) corrompido.

    Abrazos

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