¿Puede un virus curar un cuerpo?



"En lugar de recomendarles higiene a los pobres, debemos estimular los hábitos opuestos. En nuestras poblaciones debemos hacer más estrechas las calles, hacinar más gente en las casas y cortejar el retorno de la peste. En el campo debemos levantar las aldeas cerca de charcas estancadas y, sobre todo, alentar la colonización de toda suerte de terrenos pantanosos e insalubres. Pero, por encima de todo, debemos reprobar los remedios específicos para enfermedades devastadoras; y refrenar a esos hombres bien intencionados, pero equivocados, que creen hacerle un bien a la humanidad abrigando planes para extirpar por completo determinadas enfermedades.” Thomas Malthus

Hace días que una persona me envió este texto de Malthus. Ya no lo recordaba. Por suerte, había pasado a la zona de mi memoria que olvida espontáneamente lo que le produce repugnancia. Sin embargo, como con todo en la vida, por mucho que queramos, hay cosas que no se pueden esconder. 

Volví a leerlo detenidamente, y encontré en él un regusto sospechosamente parecido a la sensación que se palpa en el ambiente. Por supuesto, hoy en día no se dicen las cosas con estas palabras, pero sí encontramos hechos y actos que se encaminan hacia los mismos fines. 

No dejo de preguntarme últimamente, cómo es posible que aún confiemos en quienes ostentan el poder, que aún esperemos algo de ellos. Como en todas partes, tanto en la política como en las altas finanzas, hay personas de todo tipo; pero no son las supuestas “malas personas” las que nos encaminan hacia semejante objetivo, sino más bien, creo, una especie de intención sediciosa, algo que se percibe en el aire y que tiene la potencia de un virus letal. En él confluyen en deseo de poder, la codicia, y otros tantos elementos que componen la cena perfecta de quien se quiere merendar la vida. 

Así tenemos personas “buenas” que se dejan infectar, y personas “malas” que ya venían infectadas. Lo tenemos en política, en banca, en cualquier empresa y también en la sociedad. Este virus fue muy fácilmente expandido gracias a la creencia en los beneficios del endeudamiento, en la vida opulenta del consumo, en los beneficios del ahorro... etc... 

Ahora está por todas partes, y no sirve ya con extirpar a unos cuantos. Hace años, se creía que el mal eran los pobres; ahora creemos que el mal son los políticos y los banqueros, y no faltarían las razones de muchos para extirparlos de la sociedad como quisiera hacer Malthus con las clases desfavorecidas. No nos diferenciaría nada, de querer lo mismo. Seríamos malthusianos del poder. 

Decía el filósofo Agustín García Calvo, que una verdadera revolución empieza por decir “no”. No tenemos respuestas, ni alternativas a otro modelo o sistema, pero podemos comenzar por decir “no” a lo que es evidentemente insalubre para el ser humano. Aún seguimos esperando, a pesar de las protestas y las quejas, seguimos esperando de aquellos que toman actitudes infectadas, que saneen la situación. ¿Puede un virus curar un cuerpo? 

En mi opinión, que solo es eso, una opinión, no puede. ¿Qué tal si empezamos por plantearnos cuáles son las creencias que nos han insertado desde muchos años atrás? ¿Cuáles son mis creencias con respecto a una vida saludable? ¿Es trabajar ocho horas diarias tediosamente, protestar en los bares y tener después unos días de vacaciones en verano para ir a la playa a descansar? ¿Esa es la vida que quiero realmente? ¿Qué sería capaz de hacer por conservar mi puesto de trabajo, o conseguir uno que esté muy disputado? 

Otro asunto importante es el de la competencia. Desde que Darwin apareció en escena diciéndonos que la naturaleza se basa la competencia de las especies por sobrevivir, las altas esferas han encontrado en su teoría una excelente bandera que les da la razón: los más fuertes tienen que estar arriba. Sin embargo, existen ya multitudinarias voces en el campo de la biología que nos dicen que esta teoría es insostenible. (Ver: “La biología de la transformación” de Bruce Lipton, o esta entrevista al biólogo Máximo Sandin: http://timefortruth.es/2011/02/26/entrevista-al-biologo-maximo-sandin-la-biologia-en-situacion-esquizofrenica/) Es más bien la cooperación lo que ha proporcionado la evolución de las especies. Sin embargo, esta creencia ciega en la competitividad nos ha sido insertada como un programa informático en nuestros cerebros. En tiempos de crisis es fundamental plantearse esto, porque si en nuestro pensamiento habita esta creencia, vamos a ser capaces de cualquier cosa por un trozo de pan. 

Suerte que, al igual que las voces de la nueva biología se escuchan cada vez más fuerte, también existen crecientes muestras de cooperación en nuestra sociedad. 

Creo que es importante que en estos momentos nos planteemos: ¿qué tipo de persona soy: de los que siguen esperando que alguien resuelva esto, o de los que empiezan a cambiar el mundo cambiando de mentalidad? ¿soy de los que siguen compitiendo, o de los que empiezan a cooperar para evolucionar? ¿soy de los que se dejan arrastrar por la corriente, o de los que se observan a sí mismos actuando y toman medidas al respecto? ¿soy de los que solo protestan, o de los que van construyendo un nuevo camino?

Hay mucho por hacer, grandes cosas por construir. Se necesitan nuevos aires, ideas renovadas, espíritus sanos. Ya conocemos lo que ofrece el pasado, sabemos de dónde viene la situación en la que estamos, ahora es la oportunidad de elegir un nuevo camino totalmente diferente. 

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