Trabajar en el sistema



Hoy en día muchas personas sienten que están “atrapadas en el sistema”. Los trabajos que tenemos no nos satisfacen, y cada día se van convirtiendo en cargas más pesadas que asumimos “por necesidad”, “porque no nos queda otra”... y otros tantos motivos “de peso” similares. Sin embargo, podemos preguntarnos ¿por qué hacemos esto? ¿por qué aguantamos? ¿quizás es que pensamos que no hay más salida? o ¿quizás es porque no queremos cambiar, y preferimos vivir en la “estabilidad” que nos produce un puesto de trabajo precario pero “seguro”, que lanzarnos al abismo? ¿o tal vez es que tenemos miedo? Quizás sean un poco todas estas razones las que nos mantienen estancados dentro de un sistema que esclaviza, enajena, agota y deja sin fuerzas para aclarar nuestras mentes y pensar de un modo inteligente. 

¿Se han fijado en el estado de cansancio en el que llegan a sus casas tras una jornada laboral? No estamos hablando en muchos casos de trabajos físicos, sin embargo, el hacer algo que a uno no le satisface, o hacer algo en contra de los principios básicos humanos, nos deja sin fuerzas. Éste es el punto fuerte del sistema: agotar al trabajador, de esta forma, no tenemos armas para enfrentarnos a él. En ese estado de cansancio ¿cómo va a pensar el ser humano siquiera de forma decente? En ese estado solo surgen emociones como el miedo, la preocupación, la rabia... etc. ¡Fíjense!, no hace falta que se lo diga nadie, solo hay que verlo en uno mismo. Sin embargo, cuando hacemos cosas que disfrutamos, las emociones son totalmente distintas: alegría, amor, generosidad... etc. 

Entonces podemos preguntarnos: ¿qué es lo que más alegría produce (laboralmente hablando) al ser humano? Pues precisamente aquello que lleva en su naturaleza, para lo que tiene un talento. Al igual que las abejas en la colmena, los humanos también venimos provistos de un talento particular que hemos relegado por tener trabajos “serios”, que es a lo que nos han enseñado desde pequeños: trabajos en los que se gane mucho dinero. Nuestros talentos se han ido apartando para dar cabida e importancia a lo que nos enseñaron que la tenía. De esta forma nos encontramos con excedentes masivos de abogados, economistas, periodistas... etc. todos ellos en paro, porque ni siquiera el propio sistema los absorbe. 

Pero muchas personas me preguntan ¿cómo descubrir cuál es mi talento natural? Bien, el talento natural es fácil de distinguir, porque se trata de actividades con las que siento fuerzas renovadas, más energías, el corazón abierto, alegría, plenitud... etc. No quiere decir que éstas no produzcan preocupaciones porque todo salga a tiempo, u otro tipo de inquietudes, lo que significa es que no nos provocan el rechazo que nos provocan los trabajos de los que no nos sentimos partícipes. 

Esta herramienta es la más eficaz para ir “cargando pilas”, generando fuerzas para contrarrestar la desidia y el agotamiento que nos produce el sistema. Si no generamos estas fuerzas, nunca podremos enfrentarnos al sistema con inteligencia y dignidad. Realizar trabajos (aunque en principio sean aficiones) que llenan nuestro espíritu, son una excelente herramienta para recuperar la energía que perdemos con el trabajo en el sistema. A medida que alimentamos estas “fuerzas positivas”, vemos de otra forma nuestra situación. 

Por tanto, no se trata de abandonar los trabajos que no nos gustan sin pensarlo, sino de generar una fuerza que nos dé la claridad suficiente para saber lo que podemos hacer. 

Comentarios

  1. Somo títeres de un sistema que hemos creado nosotros mismos. El dinero es dueño de todas las cosas humanas y ahora somos esclavos de nuestros propios errores. Hemos jugado con fuego (dinero)y nos hemos quemado. Ahora, manda el poder, el dinero, las opciones son pocas, las oportunidades escasean y sólo nos queda cerrar la "caja de Pandora" y quedarnos con la esperanza de que algún día el sol vuelva a brillar.

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  2. Yo creo Alex que sí nos quedan oportunidades pero, obviamente, no dentro del sistema; allí, en mi opinión, ya no hay más oportunidad que la de tener la ocasión de arrodillarse cien o cien mil veces. Sin embargo, comprender que somos los artífices de esta malsana criatura, nos puede servir de mucho. En la voluntad y en la comprensión de su mecanismo hay oro que no deja de brillar.

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