Las reacciones, los impulsos de la mente, salen de forma inevitable, como una fuente con un fuerte chorro de energía. Podemos intentar, para que no se salga el agua, ir a tapar ese chorro por la fuerza, pero con el tiempo la potencia del agua volverá a salir. Del mismo modo, no hay forma de frenar al pensamiento, de ponerle diques para que no estén esas cosas que me disgustan. “No quiero tener miedo”, me digo, entonces, cuando surge el miedo me engaño a mí mismo y me digo que no lo tengo, que soy valiente. Esta negación de lo que sucede realmente, es inmensamente común, y de hecho, cuanto más vamos descubriendo en uno mismo, más sutil se hace, y más engañosa si uno se empieza a creer que ya no lo hace. Pero la fuente, ese chorro de reacción que es el HECHO REAL, sigue ahí, de modo que, por mucho que me diga a mí mismo que no, que no tengo una determinada expectativa, que no siento un determinado odio por alguien, que no me estoy engañando, que no estoy juzgando, que no me import...